La descendencia celestial de Abram Y lo llevó fuera y le dijo: «Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas». Luego le dijo: «Así será tu descendencia». Y él creyó al Señor, y esto le fue contado por justicia. (Génesis 15:5-6) Esta fue la tercera vez que el Señor pronunció una bendición similar sobre Abram. Ocurrió después de que Abram se enterara de que su sobrino Lot y todas sus posesiones habían sido capturados por los cuatro reyes que atacaron Sodoma y Gomorra. Abram convocó a los 318 hombres nacidos en su casa, luchó contra los cuatro reyes y rescató a Lot y sus pertenencias, junto con las mujeres y las demás personas. Parecía algo imposible, ya que ni siquiera los cinco reyes de la región del Mar Salado habían podido defenderse de aquellos cuatro reyes. Sin embargo, Abram lo logró. Cuando Abram regresó tras derrotar a los cuatro reyes, Melquisedec, rey de Salem, salió a recibirlo. Y lo bendijo diciendo: «¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!» Y Abram le dio el diezmo de todo (Génesis 14:19-20). También devolvió el resto al rey de Sodoma y a los hombres que lo acompañaban, sin quedarse con nada para sí mismo. Evidentemente, lo que hizo Abram agradó a Dios. Después de estos sucesos, la palabra del Señor llegó a Abram en una visión: «No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande». (Génesis 15:1) Esta vez, Abram actuó con mayor sabiduría. Abram dijo: «¡Oh, Señor Dios! ¿Qué me darás, si sigo sin hijos y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?» (Génesis 15:2) La respuesta de Dios fue aún más interesante. Le pidió a Abram que mirara hacia el cielo y contara las estrellas. Aquello le abrió los ojos a Abram. Abram podía lograr lo imposible en la tierra, pero corresponde a Dios realizar milagros y maravillas que este mundo jamás podría imaginar. Abram solo podía imaginar una descendencia nacida de su propia carne, pero Dios le prometió una descendencia celestial. En la Epístola a los Gálatas, el apóstol Pablo escribió: tal como Abraham «creyó a Dios, y le fue contado por justicia». Sepan, pues, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones». De modo que los que son de fe son bendecidos con Abraham, el hombre de fe. (Gálatas 3:6-9) Por eso se llama a Abram el padre de la fe. Si tenemos la misma fe, entonces también somos hijos de Abraham, la descendencia celestial. Emanuel. (Para volver, seleccione <- en la barra de herramientas)